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domingo, 21 de febrero de 2010

Le glamour: Venecia sin mi


Lejos del exótico erotismo brasileño y del humor, cáustico y mordaz, del sur de España; está el Carnaval veneciano. Sólo su nombre evoca misterio y elegancia, lujo y distinción, con un toque canalla. Es pues un ambiente ideal para el glamur.
No hay una fiesta más sensual que el Carnaval, porque el Carnaval existe por y para el disfrute de los sentidos. Y la Serenísima República de Venecia nos a legado, a los ciudadanos del siglo XXI, una ciudad encantadora y fascinante.

La edición 2010 ha tocado su fin dando paso a la austeridad de la Cuaresma, que a muchos repele. A muchos ignorantes, porque sin una no existe el otro. Solo por eso ya habría que estar agradecidos a las imposiciones eclesiásticas. Porque son la excusa perfecta, y consentida, para una fiesta sin igual. Una fiesta sensual donde las haya.

Venecia disfruta cada año de diez días de máscaras y capas, de tules, brocados y terciopelos, de encajes y plumas, de oro y brillos varios. Todo ello envuelto en la neblina de los canales, en la música y los espectáculos de calle, y siempre con un regusto dieciochesco. Si en algún lugar sigue triunfando el el rococó es en el Carnaval de Venecia.


Hay dos cosas que me fascinan especialmente de este Carnaval. La primera es sus fiestas privadas; especialmente aquellas a las que acudían personajes de la talla y el glamur de Grace Kelly, princesa y estrella a partes iguales. Pero a falta de personajes de otra época, nos conformamos con acontecimientos como el Gran Baile de la Cavalchina. Una fiesta privada, espectacular y benéfica, como toda fiesta glamurosa que se precie.

El otro aspecto fascinante, y encantador, es el hecho de que gracias a los desfiles de las “Compagnie della calza” el común de los mortales puede vivir una ilusión, ser parte de la magia, del espectáculo, del lujo y del glamur.

Por este año se acabo, habrá que esperar hasta el 26 de febrero de 2011, apuntadlo en vuestras agendas; “arrivederci alla prossima edizione del Carnavale di Venezia”...






lunes, 8 de febrero de 2010

Le Glamour: ...O la vie en rose

Hoy es mi cumpleaños y Roberto Lozano me ha regalo algunos bites en su blog para hablar de algo tan encantador, tan sensual, tan fascinante como el glamur.

Ah … el Glamur. Ese “encanto sensual que fascina”.

Nos encontraremos aquí uno de cada dos lunes, como padres bien avenidos que comparten la custodia de sus retoños. Y yo, que escribiré de todo un poco siempre que sea glamuroso, usaré la ortografía castellana que propone la RAE para esta voz (glamour) francesa de origen inglés. Aunque el título de la sección esté en francés.

Buscar la combinación perfecta de encanto, sensualidad y fascinación en lo cutre de la vida real será el leit motive de esta sección. Otra cosa será que lo encontremos. Breves comentarios y toques de atención sobre aquello que aporta algo de glamur o que lo posee en cierto modo es lo que encontrareis en mis pequeñas entradas.

Hechas las aclaraciones imprescindibles, no tengo más remedio que hacer una defensa a ultranza de esta palabra fascinante. Porque si vamos a hablar de lo humano y lo divino siempre en tono de glamur, la primera entrada no puede versar sobre otra cosa que el glamur mismo.

Usada sin control en muchos casos y despreciada por algunos, por significar todo lo superficial. A mi me parece una palabra muy útil, porque permite identificar alguna parte amable de la vida. Porque lo superficial, como los sentidos, forman parte de la vida. Y porque dejarnos encantar y fascinar de vez en cuando sin duda será saludable.

Encantar es “cautivar toda la atención de uno por medio de la hermosura la gracia o el talento”. Sensual es aquello “perteneciente a las sensaciones de los sentidos” y, siguiendo con las definiciones se aplica “a los gustos y deleites de los sentidos, a las cosas que los incitan o satisfacen y a las personas aficionadas a ellos”. Fascinar es “engañar, alucinar, ofuscar”.

Glamur no es solamente encanto, ni solamente fascinar; se puede encantar de muchas maneras , y esta, concretamente, es sensual. Del mismo modo que la fascinación puede ser provocada por muchos estímulos, y esta se debe al encanto sensual.

Y el diccionario Panhispánico señala, traduciendo del francés, que el glamur tiene un matiz de sofisticación; es decir, no es natural. Tiene que ver con la elegancia y el refinamiento, e implica en sí mismo cierta complejidad; porque es aprehendido. Podríamos decir que es producto de la experiencia vital, y necesariamente se refleja en las acciones y actitudes. Pero, además, tiene un punto de atracción en tanto que sensual, sin ser simplemente encanto o hechizo.

De todo esto se deduce que alcanzar el glamur es un camino arduo como la vida misma, que requiere de un aprendizaje constante, y es mejor si se tiene cierto talento; pero no es imposible. Y esto me consuela enormemente y me hace desconfiar de todos los que se proclaman gurus del glamur.

GRACIAS

Y si queréis comentar estaré encantada de atenderos en Soniabeltran@cupidoandaperdido.com o en los comentarios del post